Nuestras maletas maltrechas estaban apiladas en la acera nuevamente; teníamos mucho por recorrer.
Pero no importaba, el camino es la vida.
Jack Kerouac ♥

Dicen que lo importante de un viaje no es el destino, sino la compañía. ¡Y qué gran acierto!
Yo he tenido la oportunidad de vivir una gran experiencia rodeada de mis mejores amigas y he de decir que ha sido algo mágico, algo que siempre recordaré.
Este pasado septiembre tuve mis primeras vacaciones estando en Consum y tenía claro que quería salir, aunque fuera un par de días, del diminuto pueblo en el que vivo. Así que en una de esas tardes de café con bizcochos surgió la idea de organizar una escapada juntas.
En un principio fuimos a la agencia para informarnos sobre las islas griegas. Pero claro, estas malditas islas deben ser para los ricos porque nos salía por un ojo de la cara. Incluso en temporada baja. Entonces pasamos a mirar la isla de Cerdeña (Italia). Nos enamoraron sus playas de aguas cristalinas con ese tono turquesa tan característico de la costa del Caribe. Sin embargo, tuvimos que cambiar de destino porque una de mis amigas tenía un compromiso al que no podía fallar (¡qué rabia!) y se nos quedaba muy pocos días para disfrutar de la isla. Así que la chica de la agencia nos recomendó Ibiza. Bueno, mi cara fue un poema agrío. ¿Ibiza? ¿En serio? No me lo podía creer. Mis amigas estaban encantadas, por supuesto. Luego pensé “bueno, Ibiza también tiene que tener su encanto. No creo que todo sea fiesta”. Por lo que acabé obligándome a aceptarlo…
A un par de semanas de emprender nuestro adorable viaje salió el tema del dinero. ¿Cuánto debíamos llevarnos? Yo aposté por unos 200 euros. Ni un euro más ni un euro menos. Recuerdo que algunos de los chicos se echaron a reír diciéndonos que con 200 euros no tendríamos ni para kleenex. ¡JA! ¡No para una rata de cloaca! Siempre me las ingenio para gastar lo mínimo. Así que me lo tomé como un reto.

El esperado día llegó y los nervios me atenazaron de tal forma que iba temblando durante el trayecto al aeropuerto. He de decir que odio volar. ¡Tengo pánico! Casi todo el mundo me dice: ¡pero si es el transporte más seguro! De acuerdo. No digo lo contrario. ¡Pero sigo teniendo pánico de saber que estoy a 12.000 metros de altura, joder! ¿Nadie lo entiende? No creo que sea tan complicado.
En fin, la cuestión es que lo pasé fatal. Menos mal que tenía a mi lado a una chica que se había fumado un porro y no dejaba de hablarme; cosa que agradecí porque consiguió, por un corto plazo de tiempo, mantener mis oscuros pensamientos a un lado.
Aterrizamos en Ibiza cerca de la una de la madrugada. El tiempo era bastante agradable. A la salida del aeropuerto nos esperaba un furgón con el logotipo de la empresa Record Go, el cual nos condujo hasta nuestro coche de alquiler (si piensas viajar a Ibiza te recomiendo que contrates el servicio de coche de alquiler para poder ver todas esas calas preciosas y exprimir la isla al máximo, de lo contrario, te morirás de asco. Y por cierto, si es a todo riesgo mejor. Es algo más caro, pero es que cualquier percance que tengas con el vehículo te tocará acarrear a ti con todos los gastos. Así que no te la juegues).
Llegamos al hotel, en San Antoni, concretamente a Piscis Park. Las opiniones no es que lo alaben demasiado (en especial por el alboroto nocturno), pero bueno, esa noche pudimos dormir del tirón. Estábamos agotadas.

A la mañana siguiente comenzamos nuestra aventura. Lo primero que hice fue sacar una fotografía de las impresionantes vistas que tenía desde el balcón de mi habitación:

Desayunamos en el hotel (te recomiendo que pilles una media pensión porque no es lo mismo comer y cenar todos los días durante tu estancia, que comer o cenar. Ahí ya te ahorras bastante dinero) y luego fuimos a visitar nuestra primera cala: Cala Salada.
Está bastante apartada y su acceso se hace algo pesado debido a que está rodeada de colinas dominadas por un frondoso bosque de pinos, pero merece la pena verla. ¡Es preciosa!

Después fuimos a ver Cala Bassa, Cala Comte y Cala Llonga, que nos quedaba bastante cerca. Una maravilla. Perfectas para buscar inspiración y deleitarse con fantásticos atardeceres, desde luego.

Esa noche llegamos al hotel exhaustas y con bastante hambre. He de decir que el bufet libre no me gustó nada. Ni esa noche, ni las demás. Había variedad, si, pero casi todo era de freidora. Lo mejor la fruta.

A la mañana siguiente volvimos a nuestras andadas. Esta vez tocaba ver el castillo de Ibiza y el pueblecito de Santa Eulalia. El castillo es pequeñito, tampoco gran cosa, pero tiene unas vistas al puerto impresionantes. El pueblo, en cambio, no tiene tanto encanto. Es un pueblo normal y corriente.
Nos quedamos con las ganas de ver Santa Eulalia (entre unas cosas y otras al final no pudimos visitarlo). Pero bueno, sigue apuntado en mi lista de visitas top de Ibiza.

Los últimos días los dedicamos a la vida nocturna. Pudimos cambiar la cena del hotel por la comida para así poder entrar a los cierres (esto significa el último show del DJ, una despedida hasta el próximo verano) de las discotecas y aprovechar bien la media pensión.
La verdad es que las entradas nos salieron económicas gracias a un relaciones públicas que había a la salida de nuestro hotel. Nos dejó dos cierres por 90 euros.
Bien. Yo tenía claro desde un primer momento que no me iba a gastar 20 o 30 euros en una copa porque con ese dinero soy la Reina en Primark. Claro, mis amigas tenían el mismo pensamiento. Así que lo que hicimos fue ir a una especie de 24 horas que teníamos cerca del hotel para comprar algunas cervezas y combinados de ron. Nos salió todo por muy buen precio.  Además, como teníamos el coche, (otra de sus grandes ventajas es que no dependes de nadie (autobús, por ejemplo) y te puedes marchar cuando quieras) pudimos beber dentro, a puertas de la discoteca.
El primer cierre al que asistimos fue al de HI. Bueno, no estuvo mal. Pero la corona se la llevó, sin duda, Ushuaia, con Martin Garrix. Fue brutal. Además de ser al aire libre, con una decoración exquisita, me pareció una actuación brillante por parte del DJ. La recomiendo al cien por cien. Y con esa maravillosa actuación le dijimos también adiós a nuestra increíble experiencia.

A la mañana siguiente cogíamos el vuelo para Alicante bien temprano, con cierta nostalgia en nuestros corazones. Una aventura preciosa que volvería a repetir sin dudarlo ni un segundo. Ibiza, que la juzgué sin conocerla, se ha convertido en un destino con el que siento que tengo un vínculo especial.
Y es que, en definitiva: es bonita, tiene rincones maravillosos y, además, ocio nocturno para disfrutar con las amigas/os.  ¿Qué más se puede pedir?

¡Besos y hasta pronto!

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