Nunca había leído nada de este aclamado autor. Cuando leí la sinopsis en la sección de libros del supermercado en el que trabajo, me dije: Ruby, tienes que hacerte con esta novela.
Pensé que sería de suspense, pero luego, a medida que fui adentrándome en la historia, me di cuenta de que no. No estaba ante una trama trepidante llena de crímenes imperfectos o salas atestadas de policías investigando casos complejos. No. Estaba ante la historia de una chica adolescente, Aza, que, lamentablemente, sufre TOC (trastorno obsesivo compulsivo). Para nuestra querida protagonista el día a día se convierte en un infierno porque su mente solo piensa en las posibilidades que tiene de contraer enfermedades.

He decir que he simpatizado mucho con ella porque yo, a veces, peco de ser un poco así. ¡Una completa maniática de la salud, e incluso he buscado en internet síntomas de enfermedades que mi mente me hacía creer que tenía! Se pasa fatal, eh. No quiero pensar en cómo debe ser las 24 horas del día.
Por otra parte tenemos a Daisy, su mejor amiga, una chica alocada que la embarca en la aventura de buscar al señor Picket, un multimillonario que ha desaparecido inesperadamente y por el que la policía da una recompensa de cien mil dólares a quien lo encuentre.
Las chicas juegan con una ventaja: y es que Aza conoce al hijo del señor Picket, Davis. Pero lo que ella desconoce es que ese reencuentro la conducirá por un camino que la hará elegir entre seguir atrapada en sus angustiados pensamientos o dejarse llevar por el corazón…

John Green ha creado una historia de superación, una historia que a cada página te hace reflexionar con sus citas preciosas. Los personajes son brillantes. Aza está tan bien definida que tu corazón se rompe al verla en ese túnel sin salida. Logras meterte en su piel y en ese mundo que supone una mente enferma. Daisy te hace reír, su personalidad es asombrosa. Envidio de ella esa chispa de locura y el lado positivo que sabe sacarle a las cosas.
Davis también ha sido un personaje que me ha conmovido mucho y me ha enamorado su forma de ser. Un personaje con las ideas claras y una madurez que más de uno quisiera tener a esa edad.
La narración es rápida y sencilla, lo que hace que su lectura sea amena y puedas devorarlo en pocos días.

En definitiva: Mil veces hasta siempre ha sido una novela que ha superado mis expectativas y que, a pesar de no haber tenido ninguna dosis de misterio, me ha encantado y la volvería a leer.

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