La pintoresca Portugal: Oporto y Lisboa

La pintoresca Portugal: Oporto y Lisboa

Ñão importa as dificuldades que aparecem no caminho, eu quero caminhar para sempre do seu lado

 Luciano F. Ramos 

Portugal nunca había sido un destino que me llamara demasiado la atención. Me hubiera gustado visitar antes Paris, Roma o Amsterdam. Sin embargo, en los últimos meses y debido a una creciente ola de críticas positivas acerca de Oporto y Lisboa, empecé a saborear cierta curiosidad. Como sabéis, siempre que dispongo de vacaciones me gusta hacer alguna escapada. Así que cuando mi amiga Amanda me propuso hacer un viaje juntas, no me lo pensé dos veces.
Después de barajar varios destinos en los que, sinceramente, me frenaba muchísimo el avión (si, es uno de mis insufribles miedos que intento superar), nos decantamos por Portugal.
He de decir que, tras visitar varias agencias de nuestra zona, finalmente decidimos optar por organizarlo todo mediante Booking, puesto que la diferencia de dinero era bastante considerable. Así que si tenéis en mente hacer algún viaje, mi consejo es que también lo miréis por vuestra cuenta. Todo lo que sea ahorrar es bienvenido, ¿no creéis?

Nuestro medio de transporte para viajar a Portugal fue el tren (debido a mi aerofobia, como os comentaba). Por una parte me gustó la sensación de viajar con todo lo necesario. En el sentido de poder llevar en la maleta todo mi maquillaje, todo mi set de baño (champú, acondicionador, mascarilla) sin tener que estar introduciéndolos en tarritos de 100ml. O, por ejemplo, llevar toda la ropa que quieras sin tener la necesidad de facturar.
Nosotras hicimos noche en el tren, en una habitación compartida con otras dos chicas (de esta forma salía mucho más económico el billete).  ¿Mi consejo? Qué si no tenéis miedo a volar, ni se os ocurra coger un tren. No se va mal, porque la verdad es que la cama era cómoda e incluso tienes enchufes para cargar el móvil, ordenador o iPad, pero son demasiadas horas y llegas al destino algo casada.

Llegamos a la Estación de Oriente (Lisboa) a eso de las 7:20 de la mañana, con los nervios a flor de piel. Cogimos nuestras maletas y nos dirigimos al interior de la estación. Necesitábamos comer algo.

La comunicación decir que bastante bien. No hablan español, eso está claro, pero sí suelen entender algo. O, en caso de que no te entiendan, no pasa nada, siempre puedes agarrarte al inglés, idioma universal 😉
Tras alimentar al cuerpo, cogimos un último tren que nos llevaría a Oporto, donde estaríamos dos días.
El hotel fue todo un acierto, de verdad. Una ubicación excelente, en pleno corazón de la ciudad. Se llama Vera Cruz Downtown. La habitación muy agradable, con una cama amplia y cómoda. Quizás la decoración algo escasa, pero para dormir, sobra.

Lo cierto es que era salir del hotel y encontrarte en la plaza de la libertad, con sus emblemáticos edificios de estilo Art Nouveau. Una maravilla. Me cautivaron. Parecía que estuvieras en otro mundo.

Después de dejar nuestro equipaje en el hotel, fuimos a comer a un restaurante que nos recomendó la recepcionista. Una chica muy maja que sabía algo de español. No está lejos del hotel. Se llama Conga y se encuentra ubicado en la Rua Do Bonjardim 314. Se come de maravilla. Todo nos costó sobre unos 8 euros (a cada una), con la bebida incluida. Y es que no puedes ni terminarte el plato, os lo juro. Dejo una foto que lo confirme:

Esto es un entrante típico de allí, es como una hamburguesa. Se llama Bifana Empaõ

Bueno, ese primer día, como estábamos agotadas, no hicimos gran cosa. Dimos una vuelta por el centro, visitando la preciosa iglesia de la Trinidad, la iglesia de las Carmelitas, la enorme estatua ecuestre en bronce del Rey Pedro IV, el ayuntamiento, con una imponente torre de 70 metros de altura, con carillón, muy bonita. Y, por último, la maravillosa estación de tren San Bento. Espectacular. Toda iluminada.

La ciudad tiene un encanto nocturno que consigue enamorarte. Preciosa. Todos los edificios se iluminan, resaltando todavía más su belleza. No hice muchas fotos porque todavía no me aclaro con la cámara cuando es de noche. No me salía el flash. Pero bueno, poco a poco.
Para cenar nos apeteció una hamburguesa del McDonalds, que lo teníamos al lado. Los precios no tienen nada que ver con los de España. Increíble. Todos los menús son más baratos, pero con diferencia. En España un menú Big Mac puede costar cerca de 8 euros, y allí lo tienes por 5. Osea que todos a comer al McDonalds de Portugal 😉

A la mañana siguiente, con las pilas ya cargadas y después de haber llenado la panza, fuimos a ver la Librería Lello. Dicen que la escritora J.K Rowling se inspiró en ella para crear la librería Florish & Blotts, de su exitosa serie de novelas Harry Potter. Y, desde luego, no es para menos, porque la librería es una pasada. Si visitas Oporto es una parada obligatoria.
Aunque me vine algo disgustada por no haber podido sacar una foto en condiciones. ¡Era imposible! Cada rincón estaba atestado de personas sacándose fotos. Qué rabia, de verdad. Entiendo que es un lugar muy turístico, pero joder, es que no podías sacarte ni una foto en la que aparecieras sola.

Después cogimos uno de esos famosos tranvías (nos costó tres euros) y nos adentró en las calles más pintorescas de la ciudad. No podéis marcharos sin montar en uno, os va a encantar.

En este segundo día comimos en un restaurante de perritos calientes. Me llamó mucho la atención su decoración. Además, no eran los típicos perritos calientes de una simple salchicha y ketchup. No. Eran enormes, y con bastante condimento. Riquísimos. Si tenéis la oportunidad de hacer una parada ahí, hacedla. Ya sea para comer o cenar. Se llama Frankie Hot Dogs y está justo al lado del hotel.

Para finalizar el día, fuimos a visitar el famoso puente Don Luis I, donde tienes unas vistas privilegiadas de toda la ciudad. Una pasada. Es ahí donde te das cuenta de la belleza que realmente posee Oporto, con todas sus casitas de colores. Oporto tiene algo mágico, algo que consigue cautivarte desde que pones un pie en su suelo.

No nos fuimos al hotel sin antes ver la catedral de Oporto, con su fachada de estilo barroco, tan bonita e imponente.

Nos quedamos con las ganas de ver la iglesia y torre de los clérigos, pero bueno, está apuntada para la próxima vez. Una ciudad no se ve en dos días. Pero nos quedamos satisfechas de ver al menos lo más importante.
Para cenar fuimos a un restaurante donde nos pedimos unos bocadillos enormes por tan solo 2,60 euros. El de mi amiga no recuerdo de qué era, pero el mío era de tortilla de marisco (gambas, bocas de mar). Me encantó. Pero más su precio, todo hay que decirlo. De este no dispongo foto, me dejé la cámara en el hotel. ¡Perdón!

¡Ah! ¡Se me olvidaba! No podéis marcharos de Oporto sin probar los deliciosos batidos y helados de la heladería Santini, ubicada en la calle  Largo dos Loios 16. Espectaculares.

A la mañana siguiente, nos despertamos con el cielo encapotado. Se avecinaba tormenta. El plan era comer en otro restaurante para probar la famosa Francesinha, pero no nos dio tiempo. Empezó a diluviar y, cuando aminoró, optamos por coger un taxi que nos llevara a la estación. No queríamos que el tiempo empeorara y nos pillara durante el trayecto.
En Lisboa, por resumir un poco, (no quiero que quede un post interminable) nos alojamos en el hotel Hub New Lisbon, que era más bien un albergue. Pero ojo, que tiene unas críticas estupendas. Y la ubicación, al igual que en Oporto, fue perfecta. En pleno centro. Además es un albergue con mucho ambiente, repleto de jóvenes. La habitación muy limpia y acogedora.

El único inconveniente era el aseo, que tenía que ser compartido. Para otra vez no se me ocurrirá coger un albergue por este punto. Y sí, leeré más detenidamente. El desayuno, escaso no, lo siguiente. Tampoco me gustó. Vamos, que lo único agraciado y por lo que merece esas buenas críticas es por la limpieza, la excelente ubicación y el ambiente juvenil.

De nuestra estancia en Lisboa me gustaría resaltar algunos monumentos que fuimos viendo gracias a un guía que contratamos (guapísimo, todo hay que decirlo, me vine enamorada de él. Es que los portugueses están tremendos 😛 Si no ya me lo diréis cuando vayáis).
Además nos hizo buen precio, dos horas, 40 euros (que luego resultó ser más tiempo, ósea que el muchacho se portó bien)
Estas son imágenes de algunos lugares que visitamos:

El parlamento

La basílica da Estrella

Monasterio de los Jerónimos

Torre de Belem

Calle típica de Lisboa

Parque inmenso frente al palacio de Belem, que no recuerdo como se llama

Puente 25 de abril, que es una réplica del famoso puente de San Francisco. Impresionante.

Plaza del comercio

Vistas de toda la ciudad desde un mirador desconocido al que nos llevó el guía para finalizar la ruta.

En cuanto a las comidas y cenas, optamos por ir a bares que se encontraban en la zona, incluso una noche fuimos a un asiático. También el restaurante Vitaminas, en la calle Augusta 275, es muy recomendable. Los platos son enormes. Funciona eligiendo toppings, como en el smooy, vamos. Me pareció super original. Yo no pude terminarme el plato. Y creo que fueron 7 euros, con bebida incluida.

Para el próximo viaje llevaré una libretita conmigo para que no se me escape nada, porque me hubiera gustado recomendaros algún restaurante barato a los que fuimos, pero es que no recuerdo los nombres ni la ubicación. Solo el que os menciono. Perdonadme. Y desde luego de los errores se aprende.
Este post también iba a ser publicado a pocos días de mi llegada, con la mente fresca y todo muy presente, pero cuando trabajas y estudias… pues al final no puedes dedicar todo el tiempo que te gustaría. Pero bueno, como dice el dicho: más vale tarde que nunca, ¿no?

En definitiva, una experiencia inolvidable. Un destino que no tiene nada que envidiar a las ciudades más emblemáticas, porque es preciosa. Lo tenemos cerca, que es otro punto a favor. La gente es amigable, dispuesta a ayudarte en lo que sea necesario y, por si fuera poco, se come de maravilla a un precio asequible. ¿Qué más se puede pedir?

Volveremos Portugal, pero esta vez para ver Sintra y la costa de Algarve 😉

¡Feliz lunes mis amores!

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